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	<title>Colaboraciones &#8211; sacacorchosblog</title>
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	<title>Colaboraciones &#8211; sacacorchosblog</title>
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		<title>¡Consumir de otra manera es posible!</title>
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		<dc:creator><![CDATA[sacacorchosblog]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 04 Oct 2018 14:02:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hoy en día necesitamos tener de todo, en todo momento, en nuestras neveras; pero en realidad sólo creemos necesitarlo. Es importante saber que el modo en que consumimos los alimentos condiciona el modo en que se producen, se distribuyen y se venden. No sabemos o no queremos saber que los productos se agotan y que</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Hoy en día necesitamos tener de todo, en todo momento, en nuestras neveras; pero en realidad sólo creemos necesitarlo.</p>
<p><span id="more-1714"></span></p>
<p class="p1">Es importante saber que el modo en que consumimos los alimentos condiciona el modo en que se producen, se distribuyen y se venden. No sabemos o no queremos saber que los productos se agotan y que hay mucha energía empleada en producir cada verdura que nos echamos a la boca, y no digamos en los productos elaborados. No somos conscientes o no queremos serlo de que la tierra fértil no es infinita, el agua se agota y se contamina, y las personas son explotadas.<span class="Apple-converted-space">  </span>No somos conscientes o no queremos serlo de que todo aquello que hacemos tiene un coste, una repercusión, una consecuencia; y no queremos ser responsables de las posibles catástrofes. Así que cerramos los ojos. Nuestros ecosistemas están dañados,<span class="Apple-converted-space">  </span>vivimos en un sistema generador de residuos, mientras que los sistemas vivos, bases de la vida, están en declive y en peligro. Frente a este expolio territorial, la destrucción del mundo rural, la globalización, la contaminación del agua, océanos y acuíferos, la devastación de las tierras fértiles, la destrucción de los bosques y de la biodiversidad, el crecimiento ilimitado, y el malestar general, nosotras buscamos y creamos un pequeño cambio, damos un paso más allá, os contamos nuestra historia:</p>
<p class="p2">Somos un grupo de Petrer, nos autodenominamos “grup decreixement” y queremos hacerlo de otra manera. Creemos en un consumo responsable y consciente, por eso buscamos y asumimos de forma colectiva un cambio en nuestros hábitos de consumo a través de la adquisición de productos ecológicos de cercanía y temporada, y el apoyo a modelos organizativos y medios de producción conscientes; siguiendo las bases de la Soberanía Alimentaria. Además, e igual de importante,<span class="Apple-converted-space">  </span>apostamos por una organización participativa y autogestionada, donde juntarnos y compartir adquiere una dimensión esencial para que el grupo funcione y se nutra.</p>
<p class="p2">Consumir de manera responsable significa muchas cosas, significa consumir menos, consumir productos de cercanía, de productores agroecológicos pequeños, que no exploten la tierra ni la fuerza de trabajo humana, significa auto organizarse y tomar parte activa en el proceso de nuestra alimentación. Por eso es muy significativo e importante el poder encontrar el espacio y el lugar donde estar, juntarnos, compartir y donde seguir creando. Son esos espacios, esas cenas, esas reuniones, esas convivencias en donde somos capaces de crear sinergias, de expresarnos, de escucharnos, de cuidarnos, de cuestionarnos y aprender juntas. Son esos espacios donde creamos las complicidades que nos sostienen en nuestras acciones y nos dan fuerza para seguir adelante en nuestra lucha diaria por un mundo más consciente, más responsable y más justo.</p>
<p class="p2">Os lo queremos contar porque creemos que es posible, que no conlleva tanto tiempo, y que además de repercutir en nuestra alimentación y nuestra salud, también lo hace en la salud mundo, fuera de nuestra nevera y de nuestra casa.</p>
<p class="p2">De momento trabajamos con 7 proveedoras, cada una del grupo gestiona los pedidos de una de ellas: huevos, pan, productos de higiene y limpieza, cosmética, preparados vegetales, cereales, grano y legumbres y algo de producto envasado. Las frutas y verduras las compramos a la cooperativa “La Camperola” la cual prepara directamente las cestas y las deja en un punto de reparto. Nosotras nos juntamos 2 veces al mes, cada quince días para repartirnos los pedidos. La primera semana se hace coincidir con todas las proveedoras, y la otra solo verduras, pan y huevos.<span class="Apple-converted-space">  </span>Los meses que tienen<span class="Apple-converted-space">  </span>cinco semanas, obviamos la quinta. Los pedidos se hacen por email, whatsapp o directamente a la persona encargada. Para pedir los productos de algunas proveedoras se utilizan listas de Excel, y se hace con 15 días de antelación, para poder pagar a la persona que se encarga de hacer el pedido. Al hacer las listas de Excel eliminamos parte del producto envasado, pues pretendemos reducir en los productos elaborados, de menos necesidad y que sean de lugares más lejanos.<span class="Apple-converted-space">  </span>Además estamos intentando pedir en paquetes<span class="Apple-converted-space">  </span>más grandes, de más cantidad, y luego repartirnos el producto, para que sea más económico y se genere menos residuo. Todo es revisable y sujeto a cambios, somos comprensivas y nos cuidamos, siendo muy importante la comunicación y la escucha. La idea es que todas participemos en el proceso, así que, si fuera necesario, en algún momento se podrían ir rotando los trabajos o subdividir más las tareas, para que las ocho familias que participamos tengamos un rol y un trabajo más o menos equitativo. Que cada una tenga una tarea es importante para sentirnos parte del grupo e involucradas, nos enseña y recuerda a ser responsables,<span class="Apple-converted-space">  </span>a que se aproveche el trabajo que hacemos todas por igual, y que, en conjunto, funcione mejor el grupo.</p>
<p class="p2">El primer día que repartimos todos los pedidos fue una sensación increíble, parecía que habían venido los Reyes Magos, había botín para todas, después hicimos una ronda de opiniones sobre los pedidos con las facilidades y las dificultades que habíamos encontrado, y al final nos deleitamos con una estupenda cena; cada una había traído un delicioso plato para compartir.</p>
<p class="p2">En nuestro proceso como grupo, han habido muchas reuniones previas, antes de empezar con los pedidos, que nos han ayudado a cohesionarnos y a idear la estructura que estamos siguiendo. Con el tiempo nos vamos dando cuenta de esa realidad de cohesión que tenemos , con una visión común sobre la Soberanía Alimentaria, con confianza entre nosotras y un recorrido asociativo en nuestras mentes y carnes.<span class="Apple-converted-space">  </span>Creemos que funcionamos bien con el número de personas/familias que somos, ocho, pues cubrimos todo lo que consideramos necesario y nos complementamos bien, y además cabemos en un comedor. También somos conscientes de que queremos que se expanda esta manera de consumir y nos planteamos si es posible, en el futuro, que se abran nuevos grupos, y si fuera necesario, acompañar a las personas que se interesen por este modelo. Puede que haya productos y/o encuentros que podamos compartir y hacer en común. Os animamos a interesaros por este cambio, y a trabajar por un reaprendizaje y reconstrucción de lo que entendemos por consumo; un consumo responsable y de cuidados: propios, hacia las demás y a nuestro entorno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Grup Decreixement. Consumo responsable y autogestión en Petrer.</em></p>
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		<title>Age quod agis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[sacacorchosblog]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Jan 2018 16:40:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Teníamos tanto que aprender de aquel periodismo estadounidense que trotaba libre de expresión por las pantallas de televisión y cine que quizá no lo abordamos como se debía cuando nos llegó la hora de poder hablar, no digo sin, pero sí con menos restricciones.</span><span id="more-1539"></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Ansiosos de volar junto a aquellos iconos de la libertad de expresión, libreta en ristre, intentábamos emularles, con desigual resultado pero con la misma dedicación e interés que poníamos en diferenciar con los ojos cerrados la coca de la pepsi ¡Éramos tan jóvenes! Lejos queda aquel tiempo en que todo parecía posible desde las hojas de un diario. Leo, y lo diré una vez más con las palabras de Silvio, «arar el porvenir con viejos bueyes»; pero los viejos bueyes de acá no los de allá, que otro gallo nos cantara si así fuere. Qué distinto todo si un joven Bradlee les dijera a estos escribidores: «No me interesa lo que piensas. Me interesa lo que sabes.» Me faltan, como a Bradlee, razones. Y me sobran calificativos desprovistos, por usados, de contenido; me sobran opiniones infundadas; me sobran textos mutilados y tergiversados hasta ser el traje a medida de una editorial u otra; me sobran emociones que empañan, interesadamente, el contrato social. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Me faltan verdades a priori y me sobra post verdad, ese engendro que amenaza con devorar los hechos como la Nada a Fantasía. Quiero, deseo y necesito leer como alguien pregunta sin miedo, sin intereses creados, sin preguntas pactadas, sin tregua, hasta que el entrevistado, acorralado por la sagacidad del periodista y lo incuestionable del hecho, responda, inevitablemente, la verdad. Ni quiero, ni deseo ni necesito, que pidan perdón, que expongan sus problemas íntimos, que pongan su cargo a disposición. No. Me conformo con que digan su verdad desde su interior y entonces, si esa verdad es infame, que queden al descubierto, retratados, acabados, sin que el periodista haya emitido un solo adjetivo calificativo, un solo juicio de valor. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Cuando alguien diga, como dijo Nixon, desde el fondo de sus principios: «si lo hace el Presidente no es ilegal», el periodista habrá hecho su trabajo y el otro estará acabado. Una vez que admita, porque no pueda ser de otro modo, porque no le quede vía de escape, lo cohecho, lo prevaricado, lo ocultado, lo sustraído, lo mentido, lo traicionado, lo malversado, lo manipulado, el periodista podrá correr, satisfecho, a la redacción y el otro podrá deslizarse, silencioso, hacia el olvido.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em><span style="font-weight: 400;">María Esther Bordajandi Moreno</span></em></p>
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		<title>De vírgenes y barbies</title>
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		<dc:creator><![CDATA[sacacorchosblog]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Jun 2017 09:21:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La visibilización trata de mostrar la existencia y problemática de una determinada opción de diversidad para que sea respetada en igualdad como vía hacia la normalización, que supone que nadie tenga que explicar o justificar su opción vital en ningún caso, comportándose en libertad tal cual es. Hasta aquí, bien. Es lo que tienen de</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>La visibilización trata de mostrar la existencia y problemática de una determinada opción de diversidad para que sea respetada en igualdad como vía hacia la normalización, que supone que nadie tenga que explicar o justificar su opción vital en ningún caso, comportándose en libertad tal cual es. Hasta aquí, bien. Es lo que tienen de atractivo las definiciones, su aséptica corrección. A partir de aquí, el caos.<span id="more-1393"></span></p>
<p>Seguro que conocéis el chiste del que pide una tortilla en un restaurante y cuando le dan a elegir entre francesa o española responde que le da igual porque no va a hablar con ella. A mí me ocurre algo parecido con las preferencias sexuales o religiosas de los demás, es decir, no me interesan en absoluto fuera de su contexto natural. Una de las mejores maneras de no hacer distinción según el sexo o la religión es no dar protagonismo alguno al sexo o a la religión donde no deben tenerlo y me temo que, para disgusto de algunos, el ámbito de ambas opciones es estrictamente privado. No necesito conocer la opción sexual o religiosa de mi vecino, el profesor de mi hijo o el frutero del barrio porque en nada cambiaría eso mi concepto de ellos o nuestra cordial relación circunstancial. Me interesa, en cambio, si mi vecino es de fiar, pues le dejo mis llaves cuando viajo; si el profesor de mi hijo es competente y le aporta lo que debe; o si el frutero saca conclusiones equivocadas de mi pasión por las fresas y lo pregona a los cuatro vientos. Me interesa saber si estoy rodeada de gente buena, luchadora, compasiva, amable, abnegada o justa porque creo que un mundo bueno es posible sólo si los que lo forman también lo son.</p>
<p>Si se establece una correlación entre dos opciones cuya consideración social es bien distinta pero que tienen una base primaria común, vemos que la opción religiosa es una opción vital del mismo modo que lo es la opción sexual, conllevando ambas, consecuentemente, un reflejo en la vida de la persona que la asume. Vivimos bajo una moral hegemónica regida por paradigmas biológicos con lo que ello tiene de confuso a la hora de aplicar un razonamiento lógico. Asumamos que el núcleo familiar antropológicamente sólo era vinculante unos cuatro años, el equivalente a la cría efectiva de un vástago hasta su incipiente suficiencia, descansando después la responsabilidad de cuidados y aprendizaje en el clan, encargado de la transmisión de valores comunes que dan la cohesión al grupo. Asumamos que con la agricultura se liga al individuo a la tierra y al clima, el clan hace dejación de algunas responsabilidades en el individuo y nace el núcleo familiar más estable en el tiempo ya no por razones biológicas sino por la necesaria cooperación grupal en un ámbito más reducido que el clan y la filiación para heredar los bienes muebles e inmuebles generados por esa nueva célula económica. Asumamos que las distintas opciones sexuales eran contempladas por el clan con benevolente respeto porque ayudaban a los cuidados en diversidad y no ponían la supervivencia en peligro. Asumamos una espiritualidad ligada a la intuición o deseo de trascendencia así como a la naturaleza de la que dependía la mencionada supervivencia, sin más definición que los ritos grupales ceremoniales. Asumamos que en las primeras ciudades estado comienza la feroz lucha por el dominio hegemónico de varios clanes agrupados en el mismo núcleo de incipiente Estado. Veremos entonces que la diversidad sexual, al igual que la espiritual, amenaza la pervivencia de las incipientes formas de gobierno basadas en la línea sucesoria de una familia apoyada supuestamente por las divinidades como poder terrenal. Deja de importar el respeto al individuo y se impone la norma estricta, la moral dominante, que pretende controlar a quién adora cada cual y quién tiene sexo con quién, porque la tierra, los valores y el poder se heredan por la sangre, y el linaje es objeto de veneración y defensa. Lo simple vence, vende, convence, se impone. Hombre y mujer, alianzas de linajes asumidas ceremonialmente y resumidas en un vástago que seguirá la tradición y hará lo propio. Toda descendencia, biológica o no, todo lazo o relación fuera de la sagrada institución familiar, es negada o perseguida como acto amoral o de rebeldía, consentida en secreto o bajo determinadas circunstancias para los que detentan o ejercen los diversos rangos de poder, perseguida y estigmatizada para el resto, aún cuando la practicaren en secreto.</p>
<p>El matrimonio legítimo es el heterosexual y religioso, y no es más que la manifestación sociocultural de la necesidad de visibilizar y normalizar públicamente una práctica privada que rige el orden social, político y económico que se escogió como conveniente y posible en un momento dado de nuestro devenir histórico.</p>
<p>Los tiempos cambian pero el paradigma ancla las paradojas. La filiación resiste los intentos de desregularización porque, evidentemente, estados con toda su organización administrativa basada en ella sufrirían un caos difícil de gestionar, lo que es preocupante sobre todo, para qué engañarnos, en temas de seguridad, documentales e impositivos. La cotidianeidad de las libertades en algunos países conlleva, a su debido tiempo, que la diversidad religiosa o sexual reclame su espacio de respeto, y es lógico que lo haga sin recopilaciones históricas ya superadas, con la conciencia y el derecho de mostrarse como individuos libres en igualdad con el resto. No se aprecia la necesidad de que tengan que justificar en absoluto sus razones máxime cuando sus detractores lo hacen bajo el irrazonado argumento paraguas de «eso no está bien». La diversa opción sexual y/o religiosa está, pues, para muchos, totalmente normalizada y quizá por eso mismo, porque hace mucho que se inició la etapa de visibilización, ésta me resulta muy atractiva como objeto de razonamiento en base a sus distintos modos de aplicarse y sobre todo en referencia a cómo se aborda en el ámbito de lo público lo que debiera ser estrictamente privado.</p>
<p>Meditando sobre la delgada línea que separa lo íntimo de lo social se me ocurre que debe haber una frontera a respetar que sirva para delimitar, indefectible pero sencillamente a un tiempo, la ideología que sustenta y posibilita la transversalidad, que no es más que el respeto a las posiciones privadas en la ideología y la lucha por una idea pública que beneficie a todos. Se me ocurre que esa línea es la estricta definición de público, del latín publicus, que es un adjetivo que permite nombrar aquello que pertenece a toda la sociedad y es común del pueblo. Incluido el dinero.</p>
<p>Cuando en el Ayuntamiento de Cádiz se presenta la iniciativa de condecorar a una virgen, debió contemplarse, antes de entrar en consideraciones varias, que la religión pertenece al ámbito privado, lo que no se hizo porque la injerencia de la religión en el Estado está más que normalizada y visibilizada, aunque insiste en recordárnoslo de vez en cuando por si se nos olvida. Nos debe importar muy poco que el alcalde sea cofrade reconocido o su relación con esa parte popular de la religión o quienes la practican, cosa que le fue criticada en su momento, sin razón, pues no interfiere en su cargo público. Ahora, en cambio, el hecho de votar como representante político la concesión de una medalla civil a un símbolo religioso revela la profunda confusión secular a que nos somete la normalización de la injerencia religiosa en el Estado. Si una enorme presión popular hubiese demandado su apoyo a tal disparate ¿habría sido conveniente una consulta a la ciudad que resolviera toda duda y hubiese preservado la imagen y la ética de quienes tienen en su ideario la necesaria y urgente separación Iglesia-Estado? Al fin y al cabo el resultado hubiese sido, muy probablemente, el mismo pues es conocida la costumbre española de votar en contra de nuestros propios intereses.</p>
<p>Se hace viral en las redes sociales una foto tomada en el marco de la reunión de países miembros de la OTAN. En ella aparecen señoras consortes de los premier de los países integrantes de dicha organización y junto a ellas un caballero, pareja de un primer ministro, y se ensalza a bombo y platillo la visibilización que ello supone de una opción no heterosexual.</p>
<p>En primer lugar me pregunto por qué y en calidad de qué están todas esas personas en la cumbre de la OTAN, ocupando un espacio público, pagado con dinero de todos, sin que representen más que la institución matrimonial que no les concede derecho alguno de representación pública puesto que son la elección personal de un ciudadano para culminar un vínculo privado y no han sido votadas por nadie.</p>
<p>En segundo lugar, pero no menos importante, me pregunto dónde están las parejas de las primeras ministras o presidentas que participan en la cumbre. No veo en esa foto a Joachim Sauer, segundo esposo de Àngela Merkel; tampoco a Philippe May, esposo de Theresa May, premier británica; ni a Sindre Finnes, pareja de Erna Solberg ni al esposo de Beata Szydlo, premier polaca, Edward Szydlo. De hecho me ha resultado dificultoso encontrar referencias de estos señores como «esposos de» y cuando lo he conseguido me he encontrado con que tienen vidas muy privadas al margen de la posición pública de sus mujeres, hasta el punto de que a Sauer se le apoda «el fantasma de la ópera» porque sólo aparece en público cuando se trata de dicho espectáculo, al que es muy aficionado; o el caso de May, del que se destaca en casi todas las referencias consultadas que se mantiene en una discreta segunda fila en toda ocasión. Es más, he encontrado dificultad para confirmar la presencia de otras mujeres representantes de su país que no sean Merkel o May, lo que me abocaría a hablar de normalidades no normalizadas ni visibilizadas, que sería otra reflexión. Así pues ¿qué lugar ocupa y visibiliza ese discreto arquitecto entre esas señoras en un grupo donde no están, ni es costumbre que estén, los esposos?</p>
<p>Miro a la Virgen del Rosario de Cádiz y por más que me empeñe no logro distinguir el más mínimo rastro de satisfacción por su reciente distinción ni de gratitud alguna con sus fervorosos ciudadanos y me pregunto si es porque está más que acostumbrada a la normalizada y visibilizada admiración que le profesan independientemente de lo que ella les procure en el ámbito público y laico y pienso que estamos desnormalizando muy mal.</p>
<p>Miro a ese arquitecto desconocido de vida absolutamente preservada de publicidad, y ahora en esa foto viral, como miraba al Ken de mi hija entre todas las barbies de la estantería, con un poco de diversión y un mucho de compasión. Me pregunto estupefacta qué es lo que se pretende visibilizar colocando a un señor en ese gineceo convencional, entre la barbie musulmana, la barbie california, la barbie «de cierta edad», la barbie reina y la barbie ejecutiva. Me pregunto si se le está atribuyendo el papel de esposa, ya que los esposos no aparecen. Me pregunto si al desnudarlo también será un derroche de pubis de plástico liso o pectorales marcados de pezones ausentes. Del mismo modo que siempre me pregunté por qué se le hurtaba el sexo a una muñeca que en formas, vestimenta y propósito no era más que un icono del aprendizaje sexual dominante me pregunto si ese señor está siendo utilizado de igual modo en una versión asexuada como icono del aprendizaje sexual divergente que trata de visualizarse. Y me pregunto si no estamos normalizando, una vez más, rematadamente mal.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>María Esther Bordajandi Moreno.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>De varones, hembras, barones y miembras</title>
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		<dc:creator><![CDATA[sacacorchosblog]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 May 2017 16:32:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Colaboraciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Alguien camina sobre mi tumba. Los anglosajones usan esta frase hecha, que reconozco un tanto macabra pero en la que encuentro una plácida y rotunda hermosura, cuando sienten un escalofrío intuitivo y premonitorio. No sé si en una acepción personal o quizá más extrema, siento que alguien camina sobre mi tumba cuando con sus deseos,</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Alguien camina sobre mi tumba. Los anglosajones usan esta frase hecha, que reconozco un tanto macabra pero en la que encuentro una plácida y rotunda hermosura, <span id="more-1354"></span>cuando sienten un escalofrío intuitivo y premonitorio. No sé si en una acepción personal o quizá más extrema, siento que alguien camina sobre mi tumba cuando con sus deseos, obras o pensamientos me imagina o quiere muerta, literal o figuradamente.</p>
<p>Como mujer siento últimamente mi lápida imaginaria muy transitada. Una diría que, por pura lógica, cuando se trata de cambiar las cosas el único camino es recto y hacia adelante, aunque por pura lógica deba ser circular buscando dar un giro a la situación. Mala cosa es que pugnen por convencernos de que hay dos o más caminos para un objetivo común, que todas hemos visto la peli esa del Poseidón buena, que haya muchas miradas diferentes escudriñando la senda a seguir y apoyándose unas a otras incluso en la diferencia de opinión. Abrir la selva con las manos es cansado y como mujer así me he sentido muchas veces. Cansada. Y sola. Sola también.</p>
<p>En una película Doris Day decía aquello de que detrás de todo gran hombre siempre hay una gran mujer y, niñas, mirábamos sobre los hombros de los hombres insignes buscándolas a ellas. Rara vez estaban ahí excepto para ser un complemento social en grandes acontecimientos como banquetes o discursos. No estaban junto a ellos en los despachos ni en los consejos de administración y había que buscarlas en las revistas apiladas sobre las mesitas de peluquerías y dentistas para conocer aquella femineidad de escaparate, el glamour y la seducción que tan bien quedaba en las fotos pero que no era más que el arte de parecer imprescindible acomodándose a ocupar una posición secundaria o simplemente inferior. No sabía aún que aquel gesto de Doris Day reposando su cabeza en el hombro del varón, que tenía una gran cabeza sobre sus hombros, que tan pícaro y gracioso parecía, no era más que uno de los muchos eslabones de una cadena que trataba de sujetarme a la mirada de los otros, lejos de la mía propia, la única que debía marcar mi lugar en el universo.</p>
<p>Desde entonces las cosas parecen haber cambiado mucho. Quizá tenía razón Fátima Mernissi con aquello de que al estar excluidas del poder hemos gozado de la ventaja de una enorme libertad de pensamiento. Desde luego, si algo he hecho al ir construyéndome como mujer y como persona, cosa que ha ocurrido, casual e irónicamente, al mismo tiempo, ha sido pensar como me ha dado la real gana, lo que era un gran reto para mí misma y a la vez una victoria pírrica teniendo en cuenta que eso no le importó a nadie en absoluto. Todas hemos visto en el espejo la cara que se te queda cuando te sientes entera y libre pero te das cuenta de que así sólo lo ves tú. Yo entonces ya sabía, lo que no quiere decir que fuese totalmente consciente de ello, que el patriarcado era la forma sociocultural dominante, la forma de derecho político que los varones ejercen en virtud de ser varones.</p>
<p>Carol Pateman abría una ventana por la que se escapaba volando toda mi confianza en el hecho de que valer y demostrar bastaban para alcanzar la igualdad en cualquier ámbito. Yo creía en un mundo en el que la discriminación positiva no fuera necesaria porque el sexo no fuera, en ninguno de los casos, un plus a la valía personal. Inocente, acababa de descubrir que, independientemente de la valía o los hechos, había un muro con el que estaba destinada a estrellarme, como tantas, como todas, cuando lo que estaba en juego era el poder. Al parecer, mientras crecía y estudiaba, me habían caído encima algunos eslabones más de la cadena sin que me diera cuenta.</p>
<p>Lo mejor de abrir los ojos es que ya no puedes volver a cerrarlos y eso es así aunque mi oftalmólogo no esté de muy de acuerdo con esta aseveración. Cuando ves, empiezas a entender. Cuando entiendes que la sociedad te mira de una forma que no se parece en nada a cómo te ves a ti misma, tomas decisiones. Cuando decides golpear la cabeza contra ese muro hasta caer exhausta, hasta sangrar, ya no hay vuelta atrás. Casi sin darme cuenta caminaba alineada con el filosófico realismo ingenuo ya que era tan evidente para mí que una sociedad, y por ende sus mecanismos de poder, eran débiles por incompletos sin la mitad de la sociedad, que el sentido común era el argumento inapelable, la última trinchera. Y ese momento es como el no importa cuando leas esto de las redes sociales. No tiene edad sino circunstancias. Ahora, que todo parece más fácil, escucho algunos términos, frases, consignas, que me producen escalofríos y es cuando siento esos pasos metafóricos sobre mi tumba. Ahora que otras, grandes, abrieron brecha en tiempos infinitamente más duros, el sendero se ha ensanchado y bajo el paraguas protector de lo matemáticamente imparable, recala todo tipo de uso, comportamiento, ideología e incluso pose, sin que, lamentablemente, se distinga en muchos casos lo uno de lo otro.</p>
<p>Porque mientras fui mi propia burbuja de pensamiento, codo a codo con las palabras de las grandes, las reconocidas, las que habían hecho de su vida un ejemplo de sus palabras, pesare a quien pesare, todo tenía sentido, fuerza y belleza, arenga atemporal que enardeciere a la tropa. Ahora mis ojos se han abierto con más sorpresa que admiración y ya no puedo cerrarlos. Veo y si también veis y fingís no verlo nos hacemos un flaco favor entre todas y a todas las que nos precedieron y vendrán detrás. Las ancianas japonesas, con los pies deformados e inútiles por las vendas tradicionales, no pudieron deshacerse de ellas pero apoyaron a sus hijas para que se las quitasen y para que no siguieran aplicando la tradición con sus propias hijas.</p>
<p>Veo a mujeres que hasta hace dos días desconocían el significado de sororidad, y hoy colocan el término hasta al pedir una cerveza, excluir sin el más mínimo sonrojo a otras que, mayores, ancianas, hicieron lo que pudieron cuando apenas se podía; que sin educación ni recursos pero con una intuición firme y resiliente apoyaron y permitieron en sus hijas comportamientos avanzados que ellas ya no podían abordar. Que tenían que haber hecho más, les dicen, que no aportan, les dicen, que su tiempo pasó sin que dejasen su huella, les dicen, ignorando, voluntariamente o no, que su huella pisa en los pies de sus hijas que, mucho antes de leer a Simone de Beauvoir, habían hecho su santa voluntad protegidas por el manto sororo de sus madres.</p>
<p>Por contra veo niñas que se vendan la personalidad y el futuro, sin nadie que se lo diga o las apoye, que escuchan en lenguaje inclusivo en los medios pero a las que no explicamos ni dotamos de mecanismos paritarios de decisión en sus centros de enseñanza cuando apenas les quedan tres años para la mayoría de edad. Y pienso que no hay nada menos femenino que excluir la sabiduría del pasado y la esperanza del futuro por su escasa rentabilidad decisoria porque eso sería reproducir los mecanismos patriarcales que invisibilizaban tradicionalmente a las mujeres que no entraban en el rango reproductivo.</p>
<p>Decía Luce Irigaray que lo que conocemos como femenino en la cultura del patriarcado no es lo que las mujeres son o han sido sino lo que los hombres han construido para ellas y me pregunto, intentando obviar las pisadas sobre mi lápida, hasta qué punto hemos deconstruido ese femenino para abordar el propio. Veo mujeres envueltas en la bandera del feminismo discutir el poder a otras con las mismas argucias y modos que los hombres llevan siglos utilizando, ignorando a Audre Lorde que dejó dicho y muy clarito que no desmontaremos la casa del amo con las herramientas del amo. Me duele, como a Miguel le dolía El Niño Yuntero, como una dolorosa espina, ver a mujeres de reconocido bagaje y valía aceptar como reglas del juego no ya la paridad, tan necesaria en esta fase de la lucha, sino el uso de la paridad o la priorización por parte de compañeros barones que se dicen fuera de los presupuestos del patriarcado para colocarlas como figuras visibles, publicitarias y susceptibles de ser instrumentalizadas de ser así necesario.</p>
<p>Veo, y creo que sería preferible seguir abriendo la maleza con las manos antes que usar el machete que nos tiende el amo para facilitarnos nuestra labor cuando no es la nuestra porque sigue siendo la suya. Gerna Lerder asumía que la propia ignorancia de sus luchas y sus logros ha sido una herramienta para mantener a la mujer subordinada. Cuánta ignorancia histórica veo en compañeras que ningunean a otras que han sido y son referencia, que han luchado y luchan cada día, fichadas, encarceladas, abucheadas, insultadas por cada palabra o gesto en favor de la igualdad y que ahora parecen no ser necesarias porque para muchas la bandera debe ser exclusivamente joven como erróneo sinónimo de pujanza y combatitividad. Jóvenes que hablan de inclusión y capilaridad como si les fuera la larga vida que les queda en ello pero que, por ejemplo, a la hora de la verdad votan a compañeros en inferioridad con respecto a una compañera porque son sus valedores; o que usan viejos mecanismos de autocompasión y fingida debilidad para sostener posiciones para las que no cuentan con argumentos.</p>
<p>Y se podría achacar a falta de experiencia y exceso de ilusión si ese joven fuese de veinte contra cincuenta pero sorprendente e hilarantemente es de veinte contra cuarenta e incluso, y esto ya es desternillante, de cincuenta contra sesenta, contando para ello con el único y divertido argumento de que acaban de caer del caballo, han visto la luz y su empuje no tiene su edad sino la de su mente recién reestructurada de oídas. Esto, que no trasciende en los grandes discursos, es patente y manifiesto en el conocimiento cercano de las personas y sus actos de modo que insisto en que veo y si también veis y fingimos no verlo nos hacemos un flaco favor entre todas y a todas las que nos precedieron y vendrán detrás.</p>
<p>Marvin Harris esbozó en su día una explicación para que las mujeres criasen, con dedicación e incluso priorización sobre las hembras, varones violentos y dominantes. La finalidad obvia era la guerra y la oculta el control de natalidad que suponía ésta. La natalidad viene determinada por el número de hembras de una comunidad por razones obvias, de modo que las comunidades con recursos limitados debían limitar el crecimiento limitando el número de hembras. Aparte del mayor o menor acierto de esta teoría, que como casi todo en antropología ha estado sujeta al criterio de la moda, me maravilló la inteligencia estratégica del patriarcado que supo usar lo femenino contra las mujeres; que bajo la premisa de defender a la comunidad lo convenció de ir contra sus propios intereses ¿Acaso hemos hecho otra cosa desde el principio de los tiempos?</p>
<p>Si la mano que mece la cuna es la mano que mueve el mundo, la imposición sociocultural que mueve los hilos que mueven la mano que mece la cuna son el arma que apuntamos contra nuestra propia sien. Si cada una es madre, o no, como quiere, no basta con hacer de ello una proclama si no lo acompañamos del hecho de la educación real y compartida de cuidados, derechos y deberes que es, a la postre, la única que puede garantizar futuras generaciones que construyan libremente un mundo diferente, de iguales junto a iguales, un cañón de futuro.</p>
<p>Cuando mis propias compañeras pretenden convencerme de que las reuniones telemáticas serían una solución para la conciliación, sonrío con Betty Friedan y a duras penas puedo evitar preguntarles si acaso alguna vez han tenido un orgasmo abrillantando el suelo de la cocina. El suelo, no la mesa, que eso es más de asuntos con carteros insistentes. No veo un motivo claro por el que yo deba explicarles que las lavadoras, hornos y lavavajillas inteligentes ya nos los vende Bosch como Tupperware nos vendió en su día tener el avituallamiento del hogar bajo control; que no necesito, quiero ni, desde luego, esperaba, que desde mis propias filas se nos proponga la tecnología como solución a la libertad de movimiento y de decisión; entrar en una espiral tan antigua como fallida y además nada novedosa, que hasta Doris Day supo de esa patraña.</p>
<p>Yo quiero estar-estar. Quiero el finde de congreso, el autobús de vuelta, las luces de un auditorio, la incomodidad de una pequeña sala de reuniones, la complicidad de un argumento compartido con un guiño o un codazo, el cigarrito de la puerta o la cerveza de después, el golpe encima de la mesa o la sonrisa agotada tras un largo proceso de consenso; que ya sabemos desde hace tiempo que los circuitos de poder y decisión están muchas veces más fuera que dentro de los espacios oficiales y convencionales; no quiero una falsa, por parcial, participación on line en un acto mientras, para conciliar, me pierdo todo lo demás pero pongo una lavadora, preparo la cena o distraigo al niño, que me distrae a mi, para que deje de tirarme del pantalón del pijama. Quiero cuidados compartidos en igualdad, reciprocidad y la alegría de sabernos futuro. Y quiero, sobre todo, que las trampas me las pongan los de siempre, que ya los tengo calados, y no mis propias y nuevas aliadas disfrazándolas de solución.</p>
<p>Sigo en esto a Germaine Greer, chica lista, que defendía que hoy, como ayer, las mujeres deben negarse a ser sumisas y crédulas, pues el disimulo no puede servir a la verdad. Quizá de todos los pasos que transitan mi lápida son los repiqueteos de tacón los que más notoriamente me afectan. Llegada a este punto me pregunto en qué punto de la circunferencia estamos y si es, lógicamente, por eso que no veo el final del camino, que aunque fuese con prismáticos podría avistar, lógicamente, si fuese recto. Me pregunto y os pregunto a todas si en esta ecuación pesará más la xx de futuro o la xy de tradición; si algunas pasaremos al otro lado de la igualdad cambiando de signo para acabar restando y dividiendo cuando llegamos con la ilusión de sumar y multiplicar. Y todo ello con perdón de la matemática y la biología.</p>
<p>Como decía Carla Lonzi, las mujeres somos individuos completos de modo que la transformación no debe darse en nosotras sino en cómo nosotras nos vemos en el mundo y en cómo nos ven los demás. El proceso de verse es propio y personal pero el de cómo nos ven los demás es sociocultural, está en continua construcción y depende del primero. Mi eterna gratitud a todas aquellas que hacéis de cada paso un ejemplo, que ilumináis con una sonrisa cada gesto inclusivo, colaborativo, respetuoso, transversal, amable y universal. Sois, como debemos ser, la bandera de que no podrá ser sin nosotras.</p>
<p>Es responsabilidad de todas y cada una y no será sin una línea y estrategia que pase, en primer lugar y sobre todo lo demás, por aplicar a nosotras y a cuanto nos rodea todo aquello que defendemos. Cuidemos la idea, cuidemos la lucha, cuidemos el propósito, engendremos con nuestros compañeros ese mundo, paraíso de igualdad, al tiempo que engendramos a los hombres y mujeres dignos de habitarlo; y seamos capaces de predicar con el ejemplo no vaya a ser que, en un inesperado y trágico giro de los acontecimientos, acabemos cambiando tanto las cosas que no nos parezcan grados suficientes los 180 y lo demos, ya puestas, de 360 grados. Para ese viaje, no hacía falta tanto esfuerzo en las alforjas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>María Esther Bordajandi Moreno.</p>
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		<title>¿Por qué llamarlo “Síndrome de Down” en lugar de “Trisomía 21”?</title>
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		<pubDate>Tue, 25 Apr 2017 14:45:05 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[artículo]]></category>
		<category><![CDATA[trisonomía 21]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Llevo meses esperando coincidir con el Círculo de Sanidad de Podemos para proponerles que erradiquemos de nuestro lenguaje lo del “Síndrome de Down” y no lo consigo. La propuesta no es capricho; no puedo evitar que me chirríen los oídos cada vez que oigo esa frase. No puedo creer que la gente lo diga, incluso</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Llevo meses esperando coincidir con el Círculo de Sanidad de Podemos para proponerles que erradiquemos de nuestro lenguaje lo del “Síndrome de Down” y no lo consigo.</span><span id="more-1342"></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La propuesta no es capricho; no puedo evitar que me chirríen los oídos cada vez que oigo esa frase. No puedo creer que la gente lo diga, incluso los familiares, sabiendo lo que están diciendo. Sí, seguro que la gente que habla del Síndrome de Down, no debe saber de lo que está hablando.</span></p>
<p>John Langdon Haydon Down, era superintendente médico en un manicomio de las afueras de Londres, a finales del siglo XIX (si, manicomio; es como se les llamaba entonces). En aquella época, acababa en un manicomio toda persona que se le considerase fuera de lo normal; incluso los sordo-mudos. Y el doctor Down presumía de conocerlos muy bien; así que se decidió a escribir, no un libro porque este tipo no tenía capacidad para tanto; pero sí un artículo para una revista &#8211; tampoco una revista científica – concretamente, para el boletín del hospital de Londres.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">El artículo lo llamó algo así como “</span><b>Por una clasificación etnológica de los idiotas</b><span style="font-weight: 400;">”. En él, describía los distintos tipos de idiotas y su semejanza con diversas razas humanas distintas a la blanca (que es la perfecta). El apartado destinado a lo que actualmente llamamos “Síndrome de Down” él lo denominó “El idiotismo mongoloide”. Si, las palabras “mongol” o “mongólico” son las que empleaba el Dr. Down para referirse a las personas con Trisomía 21.</span></p>
<p>En ese apartado, el Dr. Down describía las semejanzas anatómicas entre los mongoles y los “idiotas mongoloides” (perdón por el lenguaje, pero era el usado por el Dr. Down). La frase “los idiotas mongoloides tienen la misma apariencia que los mongoles y su misma estupidez” resume todo este apartado de dicho artículo.</p>
<p>Pero el Dr. Down, no se limitaba a describir esas semejanzas anatómicas; sino que se atrevía a explicar cómo era posible que una mujer blanca fuera capaz de dar a luz a un hijo o hija con rasgos orientales: El Dr Down era un fiel creyente de la teoría que dice que “la ontogenia recapitula la filogenia”. Ya sabéis; la filogenia es la historia de nuestra evolución desde hace 4.000 millones de años hasta ahora (o sea, descendemos del mono, este de reptil, este de un anfibio, este de un pez, este de un organismo unicelular) y la ontogenia es el desarrollo del embrión humano en el seno materno que parece tener un desarrollo parecido de forma rápida y resumida (o sea, empieza con un óvulo fecundado, a las pocas horas parece un pececillo, luego una especie de renacuajo, luego un mamífero, mono, negro, amarillo y cuando llega a ser un blanco (la culminación de la evolución) es cuando nace).</p>
<p>Pues bien, el doctor afirmaba que si a la “natural irresponsabilidad que caracteriza el género femenino, le añadimos cierta afición al alcohol, esta podría tener al niño antes de tiempo, en la fase chino, y tener el hijo con rasgos orientales” (más o menos literal).</p>
<p><span style="font-weight: 400;">¡No te lo pierdas! ¡Todo un fenómeno!, ¡Como si los chinos, los negros, los monos, los tigres, etc, no pueden tener cachorros con trisomía 21!. Entonces, si una mujer negra aguanta al niño un mes más ¿le saldría blanco?</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¡Cómo se le puede poner el nombre “Down” a este trastorno genético en honor a semejante mamarracho!</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Así pues, cuando yo oigo a alguien decir que este chaval tiene el “síndrome de Down” lo que estoy oyendo es que el chaval es </span><span style="font-weight: 400;">un idiota mongoloide por culpa de la irresponsable y borracha de su madre que lo ha parido antes de tiempo</span><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como comprenderéis, no podemos seguir con esta terminología, mientras que el que descubrió que el trastorno (que fue Jérôme Legeune) se debía a que el cromosoma 21 es triple en vez de ser doble, sigue en el anonimato; pero, sobre todo, porque es totalmente injusto para estos chavales y sus madres.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Paco Cuéllar</span></p>
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